Si tuviéramos que elegir al hombre del año ese sería Jack White. El argumento por supuesto que no es infalible va más allá de las razones de gustar o no gustar porque es innegable que White a sus diecisiete años de carrera ha sido polifacètica. La música es, sin duda, donde reside su mayor talento: productor, compositor, instrumentista y hasta constructor de instrumentos. Estos elementos han resaltado lo mejor su inventiva que han propiciado distintos proyectos que lo han reinventado. The White Stripes, The Racounters y The Dead Wheather, son grupos que le otorgan prestigio y su incursión como solista, “Blunderbuss” (Third Man Records/XL Recordings /Columbia, 2012), lo reafirmó.
Hoy en día no cualquiera se aventura a meterse de lleno a la música de raíces norteamericanas y aquellos que lo hacen no terminan por convencer, Jack White por su parte se aproxima a ellas, las revitaliza y las reintegra a la actualidad. Su segunda entrega, “Lazzareto” (Third Man Records/XL Recordings/Columbia, 2012), continua por el mismo sendero de algunos tempranos temas (‘Suzy Lee’, ‘Sugar Never Tasted So Good’, ‘Astro’ y ‘Slicker Drips’) que están contenidos en “The White Stripes” (Simpathy For The Record Industry, 1999), obviamente con mejoras extremas y una propuesta artística cada vez notable, es por ello que “Lazzareto” se vuelve una obra excéntrica de once cortes impecables en arreglos y una producción que a la que se le suman canciones agridulces llenas de tonalidades suaves y fuertes, lo que se ejemplifica desde las dos primeras pistas, la irónica ‘Three Women’ (adaptación de ‘Three Woman Blues’ del blusista Blind William McTell en 1928) y la homónima ‘Lazzaretto’, en donde se desliza por una estructura tan simple a la que le saca el mayor provecho: ejecución, ensambles y arreglos.
En "Lazzareto" hay temas más tranquilos, de aspecto naturalmente melódico como ‘Alone In My Home’ en donde se une Ruby Amanfu como segunda voz, luego están otros cortes también balada como la apacible ‘Entitlement’, la poética folkie ‘Tempory Ground’ (cantada nuevamente a lado de Amanfu) o la melancólica ‘Want and Able’ que cierra el disco, como también existe el contraste del poder de la solemne, melodramática y un tanto belicosa de ‘Would You Fight For My Love’ y el embriagante rock de ‘Just One Drink’. Quizás el tema que más entusiasme por su rebosante energía garage rock es el single instrumental ‘Hig Ball Stepper’, grabado y editado en un solo día, se salta la emoción vocal por el pesado entusiasmo del overdrive en la guitarra y aunque también están los riffs reggae-blues en ‘That Black Bat Licore’, no logra ese impacto que siempre sobre sale y sacude en los solos de guitarra. A diferencia de “Blunderbuss”, este disco se siente más espeso, más oscuro y en plenitud musical.
Un punto que también se debe mencionar son las delirantes letras que acompañan a cada una de las composiciones, provienen de la inspiración de unas viejas fotografías, obras de teatro y garabatos de poemas escritos de un joven White que reconectan el romanticismo juvenil con una realidad templada y actual. El disco tiende a las alegorías y una recurrente fantasía del aislamiento – la palabra lazareto se refiere a la cuarentena de un hospital o básicamente un leprosario–, la infidelidad (‘Three Woman Blues’), la bragadocia (‘Lazzaretto’), humor negro (‘Entitlement’) y un montón de caracteres libres de interpretaciones que podrían significar cualquier cosa.
Ciertamente “Lazzareto” es un álbum de tradiciones, pero tan tradicional es que resulta no escaparse de estar construido por plantillas que White ha utilizado previamente en todos los discos de los Stripes. Nada de lo que se escucha es realmente fresco ni nuevo, todo lo que Jack ha hecho se puede fácilmente ubicar desde “De Stijl” (Simpathy For The Record Industry, 2000), “White Blood Cells” (Simpathy For The Record Industry, 2001) hasta “Get Me Behind Satan” (V2 Records/XL Recordings, 2005), todo está allí y entonces es aquí donde el disco se tambalea lamentablemente por su poca imaginación creativa que exhibe a un charlatán carismático al que le ha sabido sacar provecho al discurso de la nostalgia vintage.
Básicamente el segundo capítulo de Jack White se englobaría como un “gótico americano”, un omnisonido restaurado cuya contundencia no sólo se centra en creaciones e híbridos del blues, country, folk y rock, también hay una democracia espontánea entre la crudeza y por supuesto, la austeridad punk, y a pesar de su poca novedad y poco riesgo, “Lazzareto” no deja de señalar a White como un preservador que respeta otros rubros musicales bajo un perfil más ecléctico, personal y extrovertido del que emanan inquietudes que terminan por explotar en los amplificadores.











